Un aspecto clave que a menudo se pasa por alto es que la calidad de una lectura no depende del medio, sino de la conexión entre el tarotista y el consultante. Hay un prejuicio persistente que sostiene que lo presencial es siempre más «real» o «profundo», pero la experiencia demuestra lo contrario: un buen tarotista, que posea sensibilidad, ética y conocimiento, puede crear un espacio de contención y apertura, incluso a distancia. Lo verdaderamente esencial es que ambas partes —tarotista y consultante— se encuentren en un estado de calma, confianza y receptividad, y que el encuentro se desarrolle en un ambiente tranquilo y libre de interrupciones.
- De hecho, muchas personas se sienten más cómodas hablando desde su propio entorno, lo que puede favorecer una apertura emocional más profunda.
- Al no sentirse observadas físicamente, pueden expresarse con mayor sinceridad, lo que mejora la conexión simbólica y emocional, y, por ende, la lectura.
- Además, muchos profesionales del tarot en línea cuidan especialmente el espacio donde realizan las sesiones, utilizando elementos que generan un ambiente sereno (como velas, música, inciensos). Esa intención energética se transmite, incluso a través de una pantalla.
La disposición interna del consultante y la presencia empática del tarotista son los factores que realmente determinan la profundidad de la lectura, no la proximidad física. El tarot, al ser una herramienta simbólica, no depende de estar cara a cara, sino de la claridad emocional y de la apertura con la que se aborda la consulta.

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